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Tercera parte


“¿Por qué no alzan la voz, por qué se quedan callados…?”


Santa María Zotoltepec, Ixtacamaxtitlán, Pue. Tetela hacia el Futuro se enteró del propósito de Minera Frisco cuando los abogados de esa empresa de Carlos Slim llevaban muy avanzada ya la compra de terrenos en la región de La Cañada para instalar en ellos una explotación de oro a cielo abierto. En febrero pasado no existía la asociación civil. Ninguno de sus miembros se había preguntado nunca sobre el proceso de extracción de metales para los anillos de bodas, los dientes postizos, los cables electrónicos, los lingotes dorados escondidos en los bancos. Pero internet ayuda: videos que denuncian las consecuencias del uso de cianuro, noticias que revelan la propagación de conflictos sociales alrededor de las mineras en San Luis Potosí, en Veracruz, en Chiapas, en Guatemala, en Colombia, en Perú, en Bolivia, en Chile, en Argentina, en Dominicana, en Ghana, en Afganistán, en donde quiera que se hayan instalado mineras a tajo y lixiviación con cianuro.


Esos videos han llegado a Santa María. Los han visto finalmente las amas de casa. Ellas han presionado a sus primeras autoridades, y por ello el Inspector y la Jueza de Paz han organizado esta reunión informativa este domingo 29 de julio por la tarde en el galerón de block y zinc en el que la gente igual baila y se apretuja que escucha, opina, se apasiona y decide. Ya han escuchado a los geólogos de la empresa canadiense Almaden batirse contra los ambientalistas, como los llaman. Han escuchado su versión de progreso, su actitud realista contra el idealismo ecologista. Ellos dan empleo, los ambientalistas no. La minería trae destrucción, pero genera riqueza, desarrollo, saca de la miseria a las comunidades campesinas donde planta sus explotaciones. “No se puede vivir sin los metales”, dicen. “En algún lugar tienen que ponerse las minas, pero todo ponlo en una balanza”.


Lo que sigue narra la última parte de esta asamblea convocada por las autoridades de Santa María Zotoltepec, en el territorio de 50 kilometros cuadrados de subsuelo concesionadas a Almaden Minerals, la minera canadiense que se vende como la propietaria del descubrimiento de oro en la cañada del Apulco.


1.- Tercer acto: es el turno del reportero reconvertido en activista. Habla ante una asamblea atenta. A la izquierda, de pie, el grupo de campesinos-mineros, con los geólogos Roosvelt y el chiapaneco en primer plano. En medio, una mayoría de mujeres y algunos hombres mayores. A la derecha, un grupo de hombres y mujeres jóvenes; ellas son las que han cuestionado a Roosvelt sobre las verdaderas dimensiones del proyecto minero si se convierte en explotación a cielo abierto. Hemos venido invitados por la autoridad local, el Inspector y la Jueza de Paz, para explicar lo que ha ocurrido en Tetela. Los mineros fueron invitados a exponer las condiciones en que están trabajando.


La comunidad, nos dicen, quiere escuchar las dos perspectivas.


“Lo primero que quiero decirles es que este es un problema complejo, difícil –digo yo–. Bien dijeron los señores de la empresa, en nuestro país lo que hace falta es trabajo. Por eso, lo que la empresa está obligada a hacer con ustedes es a informarles de las repercusiones que tiene en el largo plazo el trabajo de una mina a cielo abierto para una comunidad. Este problema que va a empezar a vivir en Santa María y en San Miguel Tuligtic es un problema que se está dando en muchas comunidades del país porque en muchos lados se están abriendo nuevas explotaciones mineras. Ésta no es la única, Tetela no es la única. La empresa que ellos representan es una empresa canadiense que se llama Almaden, y tiene muchísimas tierras concesionadas para explorar oro, a eso se dedican. Cuando se instale una mina aquí ellos no van a ser los que van a trabajar acá, va a venir una empresa muy grande a hacer la explotación. Con ello quiero decirles que esto es complejo, pasan muchas cosas a lo largo de los años, por eso es una obligación de estos mineros la de explicarle a esta comunidad cuál va a ser la consecuencia en el largo plazo. Bien dicen ustedes, lo dijo el inspector, que es una decisión de la comunidad, indudablemente, es la tierra de ustedes. El gobierno federal concesiona el subsuelo, esta empresa tiene concesionadas en Ixtacamaxtitlán 56 mil hectáreas, ellos ahora trabajan tal vez en 500 para la exploración, pero esta empresa es una de las empresas a las que el gobierno les concesiona el subsuelo para que busquen metales. Por eso bien dicen ahorita, no están a, afectando como afectaría una mina a cielo abierto porque todavía no están en ese momento, pero deberían informarles a ustedes de los resultados que han publicado en su página de internet en Canadá de los dos años intensos que llevan de exploración, han encontrado oro, han encontrado plata, ellos miden gramo por tonelada, su obligación de ellos es hablarles con la verdad, decir qué va a hacer: cuando una empresa pasa de la exploración a la explotación, lo que ahorita estamos viendo con una pequeña empresa exploradora cambia absolutamente, lo que veremos aquí en Santa María y en San Miguel es una enorme cantidad de gente, por lo menos mil gentes trabajando aquí que de entrada van a llegar de fuera, va a cambiar la vida de la comunidad, eso es lo que ellos tienen que informarles a ustedes, qué va a pasar con ustedes. Sí, me vas a dar empleos, con qué salarios, por ahí habría que empezar, y después qué consecuencias va a tener para la comunidad, a la que le va a cambiar la vida a este pueblo campesino, qué consecuencias va a tener, porque se la va a cambiar absolutamente. Una mina, cuando está instalada, y en México hay muchas como las que ellos quieren poner aquí mide, se lleva, no diez, no cien, se lleva trescientas o quinientas hectáreas, arrasan, de otra manera no podrían trabajar los señores, la mina no funciona haciendo agujeritos, la mina a cielo abierto va desbastando el cerro con explosivos poco a poco, arrasan con el bosque, arrasan con toda la capa vegetal y empiezan a rascar la tierra, los señores miden por tonelada. Una mina como la que quieren hacer en Tetela se lleva ocho mil toneladas al día, trituran ocho mil toneladas de piedra en molinos que van a instalar aquí, la rompen, la dejan primero como piedritas y después lo hacen polvo todo, y luego con agua y cianuro hacen el proceso químico para separar el metal. Todo esto lo tendrían que explicar los señores con todo cuidado, porque no es un asunto cualquiera, sí hay riesgos por el uso del cianuro, sí hay riesgos por los deslaves, aquí ustedes recuerdan las lluvias del 99, ustedes saben cómo llueve. Les pregunto, ¿acuerdan de las lluvias del 99, se acuerdan de cómo se batieron los cerros? Todos lo vimos en Puebla, ese es un riesgo que la mina tiene que contemplar, aquí los cerros se desbastan, pueden ocurrir accidentes. No me quiero extender. Nosotros no vivimos aquí, nosotros no les vamos a dar empleo. Yo soy ciudadano, soy periodista, estoy informado de lo que pasa con las minas a cielo abierto, si, todos usamos metales, esta cámara, el coche que está allá afuera, así funcionan los aparatos electrónicos, el problema es que la extracción del oro es muy dura para la naturaleza, esa es una realidad. Por eso esta comunidad tiene que pensar bien para decir sí o no, también el gobierno federal va a decir sí o no. Yo les pido a ustedes que averigüen bien, investiguen bien, sus hijos pueden meterse a las computadoras a investigar en internet cuáles son las consecuencias de instalar una mina a cielo abierto. Por eso queremos que escuchen las razones que tiene la gente en Tetela de Ocampo para oponerse a la mina.”


Carmen Larracilla representa a Tetela hacia el Futuro, pero justo cuando cuando toma la palabra, un Tlaloc metalúrgico se descarga contra la lámina del auditorio y ahoga cuanto diga. La lluvia es torrencial, desbarata todo estimulo auditivo. A pesar de ello, Mary Carmen Larracilla intenta narrar lo que ha pasado en Tetela: que allá, una empresa de nombre Frisco, mucho más grande que esta empresa exploradora en Ixtacamaxtitlán, empezó a hablar de explotación. Averiguaron en internet lo que ocurre con estas minas, el mundo entero está lleno de ellas, el planeta está sobre explotado. Por eso nos organizamos para defender a la comunidad de los daños que puede traer una mina a cielo abierto. Por eso decidieron hacer una asociación civil y se han dedicado a informar a la gente para que se entere de los riesgos.


Pero el ruido es muy fuerte, y poco se escucha. Ella camina entre el sillerío hasta quedar al centro de la asamblea. Ahí sigue: ahora la exploración no genera grandes daños, pero el problema vendrá con la mina en explotación.


Sigue la escandalera del aguacero sobre el zinc. Mary Carmen se esfuerza al máximo para hacerse escuchar. Poco logra, sin embargo. La gente permanece atenta, pero los que están parados no dejan de platicar entre ellos. El minero Morgan se entretiene leyendo los trípticos que ha repartido Mary Carmen con la denuncia de lo que sucede en Tetela.


2.- Cuarto acto. Baja un poco la lluvia. Mary Carmen está cansada. Termino yo con nuestra perspectiva:


“Decía el geólogo hace rato que hay que poner en una balanza lo positivo y lo negativo, bien, pero cuando ustedes lo hagan, asegúrense de estar bien informados, pregúntense ustedes, ¿los señores me están diciendo toda la verdad? Yo, ama de casa, ¿sé lo que significa una mina a cielo abierto para tomar una decisión? Infórmense bien. Ustedes señores que trabajan en la exploración, piensen en función de su territorio, piensen en quince, veinte años. Nosotros creemos, que para la Sierra de Puebla la balanza es negativa. En la región de Tetela hay un bosque de niebla, pero ese bosque es tan valioso como el de aquí, los señores de la mina saben que no lo pueden afectar así como así, hay autoridades, hay leyes en México, van a valorar lo que pasa con los deslaves, saben que estos cerros se desmoronan, ha pasado, todos los lodos del 99 fuero a dar al mar y pusieron al borde de la muerte a los arrecifes de Veracruz, la Semarnat está viendo eso. Por eso el gobierno federal va a estudiar bien esto, no es sólo decisión de ustedes en Santa María y San Miguel, es una decisión que tendrá que ver con muchas personas. Pero tenemos que estar bien informados, debemos saber qué consecuencias tiene una mina de cielo abierto, cuánto territorio se lleva. Frisco aceptó ante nosotros que va a hacer un agujero de 500 metros de largo por 120 metros de profundidad, eso es una mina a cielo abierto, claro, dicen, no nos vamos a pasar de ahí, pero sabemos que en México las explotaciones de este tipo se llevan dos, tres kilómetros con toda la instalación industrial, eso mide una mina, no mide este galerón, se lleva muchísimo territorio, por ai tienen que partir ustedes. El paisaje que ahora vemos va a cambiar absolutamente. Por eso les pido que se informen bien para decidir. Yo no quiero que esta situación los lleve a la división…”


Me interrumpe una muchacha, hija de doña Lucia: “Eso es lo que nos está pasando, hoy ya estamos divididos, antes éramos un pueblo unido, ahorita ya se dieron cuenta cómo estamos divididos, imagínense al rato. Ahorita les ofrecen unos sueldos que los deslumbran, pero qué va a pasar, no van a ser ustedes los que van a trabajar, van a traer gente de fuera, y ustedes se van a quedar con el sueldo mínimo. Dicen que ya vivimos fuera, sí, pero de aquí somos, fíjense como tiene que venir gente de fuera para preocuparse por nosotros, por nuestra salud. Piensen en sus hijos. A mí me da coraje que esta gente de la exploración, gente que sí es de fuera, abuse de la ignorancia de todos nosotros, por eso me pregunto, por qué no alzan la voz, por qué se quedan callados…”


Y sí, la mitad de la asamblea le aplaude a la muchacha.


Y le sigue otra muchacha: “La palabra ignorante no es una ofensa para una persona, sí lo soy, no tengo conocimiento del proceso de la extracción del oro, no sé de lo que hacen los mineros.”


Ahora es un muchacho del equipo minero. Se presenta como nativo de Pachuca: “Esa ciudad –dice-, se desarrolló por la minería, y nunca ha sufrido un accidente de minas. Y otra, aquí en ningún momento se ha dicho que va a haber una mina. Ahora nada más estamos especulando.”


Sigo y termino: “El joven dice que hay que esperar a que ocurra la mina. Yo les digo, antes infórmense bien para tomar una decisión. Frisco ya confirmó en Tetela que va a poner una mina a cielo abierto, y es una empresa propiedad de Carlos Slim, pero el tipo se vio obligado a explicarle a la gente de Tetela qué es lo que quieren hacer en Tetela. Eso es lo que hay que preguntarle a los señores de Almaden, ¿qué quieren hacer aquí cuando tengan resultados de la exploración? Ellos no van a hacer la explotación, van a vender su descubrimiento, pues ese es su negocio…”


“¿Cómo sabes eso?”, me interrumpe Morgan, que se ha puesto a medio metro a mi espalda.


“Lo dicen ustedes en su página de internet.”


“Eso no es la verdad –dice–, nadie sabe en este tiempo qué va a pasar.”


“¿Por qué no les dices ahora a la gente lo que va a ocurrir?”


“Estoy esperando con paciencia que termine su propaganda.”


“No esperaste, pues me interrumpiste”, le digo.


“Pero llevas hablando quince minutos”, me contesta.


“Son los que nos dio el Inspector, nos dio veinte minutos”, le replico.


“¿Y cuántos minutos más vas a platicar?”


“Inspector –y me remito a la autoridad–, ¿cuánto tiempo nos queda?”


“Cuatro minutos”, dice desde el fondo.


Y sí, termino: “Señores que trabajan en la exploración, pregunten bien qué consecuencias va a tener la instalación de una mina a cielo abierto, para que tomen una decisión conscientes, para que dependa de ustedes, no de otros.”


3. Quinto acto. Y viene la pregunta de Roosvelt: “¿En un mundo ideal, aceptarías una mina? Si dices, ya no se va a abrir una mina en México, el país se va para abajo…”


Y le respondo: “Lo que dices es cierto, en este momento en México hay un problema real, el oro que hay en esa montaña le interesa mucho al país, pero esas montañas también producen agua, así te lo respondo, agua y oro, eso es lo que se está jugando hoy. Esta sierra puede reforestarse y puede ser una gran productora de agua y una gran generadora de empleo, no necesariamente con la mina.”


“Sé realista –me dice–, ¿qué es más probable, que venga el gobierno federal a reforestar con un gran proyecto e infraestructura, o la mina?”


“Aliados, el poder económico y el poder político pueden imponer la mina, pero eso no necesariamente es lo mejor para estas montañas.”


“¿Pero qué es lo mejor para México?”


“Muchacho –y ahora soy yo el que condesciende–, las empresas son un negocio, juegan las reglas del capital, la riqueza se la van a llevar de aquí, se la van a llevar de México, así ha sido y es como ocurre en todo el mundo.”


Y entonces me cambia el tema: “Tu tienes un negocio, tú tienes una organización de esto, tú tienes relación con Oxfam y de ahí sacas dinero.”


Ya llevo una tarea: ¿qué cosa es Oxfam?* Lo que sea, Roosevelt me ha acusado de que de ahí obtengo dinero.


“Bueno señores, ¡ya! –interrumpe el Inspector–. Ya hablaron, se acabó.”


Pero no para ahí, en un momento me rodean el grupo de campesinos mineros. Uno de ellos, que podría tener mi edad, me dice: “Usté dijo que iba a hablar con la verdad, muy bien, dígale aquí al pueblo, con toda la verdad, ¿en cuánto va usté a vender este movimiento?” Así, sin más, segunda acusación. Y todo el grupo le aplaude. Y no para ahí, pues del grupo sale un hombre de bigote, sombrero, tirantes y faja de cargador. Sube y baja frente a mi cara su mano derecha mientras habla: “Mire señor, si esto se para, si no se hace la mina, yo le digo que usté va a ser responsable de que yo no tenga trabajo, porque usté no más viene a decir, pero usté no nos va a dar empleos. Así que yo no me voy a olvidar de uste.”


4.- Telón. La boruca no pasó a mayores. En el aire la pregunta sobre si los canadienses probarán que en estos cerros yacen millones de onzas, como las suman ellos. Por ahora digo que los campesinos-mineros darían la vida por el salario prometido –si, como nos han dicho, llega hoy como exploradores a ser superior a los 600 pesos diarios–, aunque me da la impresión de que no harán lo mismo sus mujeres. Afuera del auditorio la tarde es plena, ha escampado. Admiro los camionetones de los mineros, difícilmente se atorarán con ellos en el cerro. Están a la orilla de una milpa que ya va agarrando vuelo. Al fondo, hacia el norte, el lomerío volcánico que oculta el oro. Buen lugar para mirar las explosiones, y los trascabos, y el agujero que se rasca poco a poco, minuto a minuto, ahogado en su propio polvo, y los remolques con llantas de tres metros, modernas, metálicas hormiguitas, y los molinos gigantescos, y los tanques de lixiviación, y las presas con los desechos de agua, de tierra, de cianuro, y las tepetateras a las que irán a dar las piedras que no guardaron el metal geológico, la escoria de la tierra para la que la tecnología minera no ha dado mejor destino que esas montoneras. Y los obreros, por centenares, a ratos con casco, a ratos con sombrero, para acordarse del sol que algún día fue campesino, remitidos por las noches a las nuevas unidades habitacionales que serán el paraíso cumplido de la ciudad rural de TV Azteca y sus alucinados gobernadores. Mirar así el apocalipsis de esta sierra campesina, despojada de sus villorrios remontados y brillantes como luciérnagas en la soledad del aire, disueltos a la vista de los funcionarios que todo lo miden en indicadores de bienestar en electrónicas presentaciones, puntos más y puntos menos, la vara que mide en las vibraciones de la dinamita que truena la montaña, el avance voraz de la irracionalidad humana.


Bonita vista para olvidar la historia campesina de esta tierra. ¿A dónde irá este pueblo que no es pueblo, que es tierra y es vereda y tejas asimiladas a los magueyes y sus quiotes como mástiles del mundo originario?


Milpa y mina no van de la mano, me digo

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